SEIS DE JULIO: DÍA DEL MAESTRO PERUANO, DÍA DEL APÓSTOL DE LA EDUCACIÓN, QUIEN VA SEMBRANDO LA SEMILLA DEL CONOCIMIENTO EN LA MENTE DE LA NIÑEZ Y JUVENTUD CON LA ESPERANZA DE UN PORVENIR Y UNA SOCIEDAD MEJOR

En la sociedad peruana, como en todas las sociedades, se tiene a un profesional a quien se le encarga la delicada misión de formar la mente de la niñez y juventud, partiendo por sacarlo del oscuro mundo de la ignorancia, además de formarlo como persona, en la práctica de valores y buenos hábitos.
Nos referimos al maestro de todos los niveles y de todos los espacios geográficos, un profesional que, a pesar del delicado rol que la nación y la sociedad le encomienda jamás ha sido reconocido y valorado por los gobernantes de todas las épocas, habiendo tenido que dar también cátedra de lucha en las calles para conseguir sus derechos a través de gloriosas jornadas de protesta y combate contra el patrón de turno.
Quién mejor que el maestro para conocer y comprender la problemática y las necesidades del común de los ciudadanos, pues el maestro es una persona que consiguió su profesión a costa de mucho sacrificio, pertenece al grupo de las grandes mayorías y sabe lo que son sus necesidades, sus sueños frustrados y la indiferencia que padece de quienes ostentan el poder, pues los gobernantes nunca han gobernado para las mayorías, por lo tanto, los gobernantes jamás gobernaron para los maestros y más bien siempre los miraron como un peligro para sus intereses, debido a su espíritu de lucha, su capacidad de decir las cosas claras y su decisión de dar siempre un paso adelante, desenmascarando a quienes solo utilizan al pueblo para legitimarse en el poder mediante las urnas, en la falsa democracia que se vive en el Perú.
De ahí que al recordar el Día del maestro peruano, inevitablemente, debemos partir por recordar y rendir homenaje a los héroes anónimos del pueblo, aquellos maestros que lo dieron y entregaron todo en interminables jornadas pedagógicas, ya sea en una moderna o una humilde aula de una escuela; que lo dio todo, ya sea en una céntrica o alejada escuelita de lugares recónditos del Perú; que se entregó por completo a su quehacer educativo en la costa, en la sierra y en la selva, sacrificando su salud, su seguridad su familia y hasta su vida, por cumplir con su apostolado.
Nuestro homenaje al maestro de hoy y a los de ayer, nuestros viejos maestros, quienes nos legaron el más digno ejemplo de entrega, pero también de lucha por conseguir sus reivindicaciones.
Cómo no recordar, en este aspecto a maestros que, sin proponérselo, solamente por sus principios, se erigieron como paradigmas de combatientes de la educación y del pueblo en épocas difíciles, enfrentándose incluso a gobiernos militares, a la represión, a persecuciones inmisericordes, a verdaderas cacerías contra el maestro y su familia.
Nuestro homenaje entonces, a los maestros de nuestros días, pero asimismo, a los maestros de antaño, como aquellos que participaron de la huelga más larga en la historia del país, llevada a cabo por los valerosos maestros y maestras sutepistas del Perú aquella que duró 118 días y que concluyera el 30 de setiembre de 1979, cuyos protagonistas, los combativos maestros peruanos, debieron luchar sin sueldo por más de tres meses, con más de cuatrocientos maestros detenidos, encarcelados hasta en la cárcel más temida del Perú como lo fue la colonia penal de El Sepa, tiempos donde fueron despedidos más de cuarenta mil maestros, épocas donde los hogares de los dirigentes eran asaltados por las fuerzas del orden que obedecían a la patronal del estado so pretexto de apresarlos; en fin, nuestro homenaje a los maestros que escribieron con sudor, lágrimas y sangre las páginas de luchas más dignas del magisterio peruano, cuyas secuelas de la represión, el aislamiento, las masacres policiales y abusos, debieron padecer en sus últimos días los maestros, olvidados por quienes deberíamos guardarles gratitud imperecedera.
Hoy, que la mal llamada modernidad ha cambiado radicalmente las cosas, la sociedad y la mentalidad humana, la propia forma de vida en todos los aspectos, el maestro debe enfrentarse a nuevos retos, a nuevos enemigos de su labor formadora. y vaya que los afronta con denuedo, con responsabilidad, asumiendo todos los retos; pero lo que no ha cambiado es su situación económica, su estatus social, el trato despreciativo que siempre  recibió de los gobernantes de todos los tiempos, debiendo vivir el maestro de hoy como vivió el maestro en todos los tiempos: marginado, olvidado plagado de necesidades, de angustias económicas, de limitaciones, condenado a ganar un magro sueldo que si apenas le al-canza para sobrevivir, pero viviendo también siempre con la frente en alto, con dignidad, porque comprende que los golpes que recibe son fuertes, duros, inmisericordes, pero más fuerte es su responsabilidad, su deseo de luchar con patriotismo y dignidad por un porvenir y una socie-dad mejor, sin amilanarse ante las adversidades, pues lleva el legado del maestro Horacio Ze-ballos Gámez, quien hizo de su tarea revolucionaria un ejercicio permanente y cotidiano, lo que debe ser emulado por los buenos maestros.
¡FELIZ DÍA A LOS MAESTROS Y A LAS MAESTRAS DE CHINCHA Y DE TODO EL PERÚ!
Juan Almeyda Yataco
DNI 21782698

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